Més sobre el Tinent Coronel Sagués (Vilafranca del Penedès, 1879 – Sant Sadurní d’Anoia, 1923)

Després de la publicació en aquest blog del post titulat Un honor discutible, el passat 7 de març, en el qual es qüestionava l’encert o no en concedir-li fa uns seixanta anys un carrer de Sant Sadurní al Tinent Coronel Joan Sagués i Aicart, se m’han facilitat uns documents inèdits d’aquest personatge que ens permeten ampliar l’escasa informació disponible sobre la seva carrera militar. Qui mel’s ha proporcionat és la senyora Mercè Domènech i Montagut i des d’ara mateix ja són públics i notoris.

Joan Sagués i Aicart al Passeig de Gràcia de Barcelona, quan encara no havia ascendit en l'escalafó militar al grau de tinent coronel. Clica a sobre i s'ampliarà. FOTO DEL FONS DE L'AUTOR, CEDIDA PER ANTONIO MESTRES I SAGUÉS.

Joan Sagués i Aicart al Passeig de Gràcia de Barcelona, quan encara no havia ascendit en l’escalafó militar al grau de tinent coronel. Clica a sobre i s’ampliarà. FOTO DEL FONS DE L’AUTOR, CEDIDA PER ANTONIO MESTRES I SAGUÉS.

A partir de la segona quinzena de maig de 1922, el Tinent Coronel d’Estat Major Joan Sagués i Aicart, casat amb la pubilla sadurninenca Carme Mestres i Santacana de la nissaga de cal Mestres de la Plaça de la Vila va participar el la redacció de dos documents titulats El problema militar en España i Bases para organización del Ejército[1]. El primer contenia unes reflexions sobre la necessitat de reducció del nombre d’oficials i de soldats així com la durada del servei militar obligatori dins l’Exèrcit espanyol, i la reestructuració que li calia afrontar a la institució per afrontar el futur . Joan Sagués el va enviar al diputat pel districte de Vilafranca del Penedès, Josep Zulueta i Gomis, perquè ell a la vegada el lliurés a Melquíades Álvarez González – Posada (Gijón, 1864 – Madrid, 1936), el qual, des del 15 del mes de març d’aquell mateix any presidia el Congrés dels Diputats en representació del Partit Liberal.

  El text íntegre deia així: ” Que la organización actual del Ejército español es deficiente es tan palpable, que no merece el más pequeño esfuerzo de demostración. No es menos evidente que el presupuesto actual del Ministerio de la Guerra ha alcanzado el límite máximo de la capacidad económica de España, sin que la eficiéncia del Ejército sea proporcional al esfuerzo que la Nación realiza. Prueba irrecusable de nuestro aserto es el estado en que llegaron a Melilla las fuerzas expedicionarias enviadas después del desastre de Julio[2], fué preciso enseñarlas a maniobrar antes de poder llevarlas al combate.

            No parece sino que el ideal de nuestro Ejército sea solamente desfilar con mayor o menor brillantez en días de gran parada; la oficialidad no es mala, el soldado tampoco, pero el conjunto es deplorable.

            Si analizamos aunque sea brevemente las causas del estado actual de nuestro Ejército veremos que la oficilidad, si bien sale de las academias militares con regular instruccción y con gran entusiasmo, a la llegada a los Cuerpos decrecen rápidamente los valores que les adornan, debido principalmente,y descartadas otras muchas causas que no es el momento examinar, a la falta de medios para realizar su misión educadora del soldado.

            En efecto, son muy raras las guarniciones que posean campos de instrucción adecuados, y por lo tanto ésta debe realizarse en malas condiciones, pero aún es mucho peor, se realizan en las mismas calles o paseos de las poblaciones, que es por desgracia caso muy frecuente en nuestro país.

            La instrucción en tiro que es tan crucial en el Ejércfito, es deficiente en grado sumo, pues es muy raro el cuerpo que tenga campo en buenas condiciones; lo corriente es que se tire a distancias superiores a 100 o 200 metros y sólo individualmente, es decir en forma tal que sólo permite que el soldado sepa manejar materialmente el fusil, pero enseñándoselo mal, pues el tiro, en las condiciones dichas no es realizable en campaña.

            La instrucción teòrica y la educación moral se llevan a cabo también en malas condiciones, sin darle gran variedad, de modo que no resulta agradable al soldado, y el oficial llega a cansarse también de ella, danto por resultado una monotinía aterradora.

            Consecuencia immediata de todo lo expuesto es que descarga el entusiasmo de la oficialidad y si a ésto se añade el poco estímulo que tienen los que por su natural son estudiosos, pues la única recompensa que se les dá es cargarles todos los cometidos difíciles, mientras que los que no estudian se dedican a vegetar y darse la mejor vida posible, se comprenderá que la instrucción recibida en las Academias vaya desgastándose lentamente y llegue un momento en que ya no reunan las condiciones que debe tener un oficial.

            Pero aún hay más, la falta continuada de ocasiones en que la oficilidad tenga que dedicarse al estudio, produce la inacción y ésta la ociosidad…y bien sabido es de todos las lamentables consecuencias de la ociosidad para que tengamos que insistir sobre ello.

            En cuanto a la tropa, la primera materia es bastante buena, pues el pueblo español no es tan malo como dicen algunos pesimistas, el espíritu de la raza aún se manifiesta con frecuencia, y tenemos la seguridad de que España aún es capaz de las grandes acciones que honran su historia; lo que hace falta es que se aplique bien la fuerza latente que todos poseemos.

            Está desde luego fuera de toda duda la repugnancia con que generalmente acude al cuartel el nuevo recluta, la idea que tiene del servicio militar no es muy halagueña, la idea santa de la Patria apenas la vislumbra y no comprende por lo tanto la obligación que tiene de servirla y morir si es preciso por ella…, al llegar al cuartel sólo ve el recluta que tendrá que vivir tres años fuera de su familia, separado de sus afectos y de su trabajo, que su ausencia quizás ocasionará graves perjuicios en su porvenir, y en estas condiciones no es de extrañar que tenga las ideas que tiene al ingresar en el Ejército.

            La temporada de instrucción del recluta es indudablemente la que más influencia ejerce en el ánimo del nuevo soldado. El trabajo es contínuo y produce fatiga aún al más fuerte, pero al propi tiempo la variedad de su nueva vida le proporciona una sensació jamás sentida; el cambio de ambiente en que se mueve y las nuevas amistades y las nociones que su oficialidad vierten en su espíritu sobre la Patria, el honor, la abnegación, el heroismo, etc. conmueven su alma y la enaltecen en progresión creciente hasta llegar al momento culminante de la Jura de la bandera, en cuyo acto hasta el más malvado siente el escalofrio de lo sublime.

            Pero tan pronto como es dado de alta para el servicio, se inicia el descenso de su entusiasmo y las instrucciones son ya menos frecuentes, el servicio ordinario de guarnición, con sus guardias, cuadras, imaginarias[3], etc. ensombrecen su espíritu y la inactividad y la consiguiente ociosidad clavan su garra en el corazón del soldado con efectos mucho más deplorables que los producidos por igual causa al oficial; en éste el sentimiento del honor y la dignidad profesional constituyen un freno, imposible de encontrar en el soldado. La monotonia en la vida de cuartel y los muchos ratos en que está inactivo hacen que el soldado mantenga conservaciones que no se distinguen precisamente por su idealidad, pierde el hábito del trabajo y cuando se licencia intenta abandonar su antiguo oficio y busca con afán un empleo que le libre del trabajo que antes consideraba honroso y retribuido u ahora cree que es depresivo y abrumador…

            Las mismas o parecidas consideraciones podríamos hacer por lo que respecta a los soldados llamados de cuota por lo que nos abstendremos de hacerlas y solamente haremos hincapié en la immoralidad que representa el que existan castas dentro del Ejército. Todas las ventajas que disfrutan los cuotas son entre otros tantos agravios que se infieren a los pobres del cupo ordinario, desde la elección del cuerpo hasta la dispensa de los servicios mecánicos, pasando por los sucesivos licenciamientos de que son objeto mientras los del cupo ordinario han de permanecer en filas todo el tiempo del servicio.

            Ésta es a grandes rasgos la manera de ser de nuestro Ejército, que no sólo no cumple su fin primordial, sino que además no proporciona la satisfacción interior tan esencial para su existencia.

            Las corrientes modernas tienden a reducir el plazo del servicio militar. Francia, no obstante su especial situación ha llevado la reducción a los 18 meses y en Parlamento francés al discutirse la reforma, se preconizó para muchos la necesidad de aumentar la reducción, llegando al año de servicio. Los enormes presupuestos de todas las naciones exigen economias y no es pequeña la que se obtiene reduciendo los efectivos militares. Por otra parte, a la reducción en los armamentos navales firmada en Washington, seguirá inevitablemente la limitación de los efectivos terrestres, coronando la obra con pactos de no agresión y con sanciones más o menos efectivas que codificará la Sociedad de Naciones[4]. El horror a la guerra es cada vez mayor en la humanidad y a evitarla tienden los esfuerzos de los grandes hombres, pero no hay que fiar demasiado en la bondad de los pueblos, el hombre no es perfecto ni lo será en muchos siglos, los egoismos y los intereses provocarán otras guerras, aún contra la voluntad de los pueblos, por lo que creemos que sin perjuidio de seguir las orientaciones modernas por lo beneficiosas que son, debemos pensar que si algún dia el destino obliga a España a empuñar las armas, no sea una víctima propicia al sacrificio, sino que sea una potencia que dentro de sus medios pueda enaltecer nuevamente su historia y pueda cumplir otra vez la misión que ha ejercido en la humanidad.

            Ahora bien, si llevamos a la práctica la reducción de efectivos consiguiente a la del servicio militar sin variar los procedimientos, la escasa eficiencia actual del Ejército se convertirá en nula y valdrá más que licenciemos el Ejército…pero como esto no es posible veamos si hay algún medio que nos permita seguir aquellas orientaciones y aumentar al propio tiempo el poder de nuestras armas.

            Dos principios fundamentales e incontrovertibles constituyen la base del sistema a seguir: 1º. Toda Nación pobre ( España no es rica) debe tener un ejército permanente muy reducido, sin perjuicio de tener sus reservas perfectamente instruïdas. 2ª A los ciudadanos ingleses y norteamericanos les han bastado seis meses de entrenamiento para poder tomar parte en las luchas del frente occidental en la última guerra[5], las más compleja y difícil de cuantas registró la historia.

            Dada la situación actual en España, con el problema de Marruecos[6] cuya importancia no hay porque encarecer, estos dos principios o axiomas necesitan un corolario que es la creación de un Ejército colonial a base del voluntariado, pero como ya está aceptada esta idea nos abstendremos de estudiarla,, limitándonos a declarar que creemos que es un problema de urgente resolución.

            La reducción de los efectivos trae aparejada la de la oficialidad, pero la movilización en las reservas exige tener preparados los cuadros. Veamos como es posible cumplir com ambos principios al parecer contrapuestos, sin perjuicio del erario.

            Sin limitación en el ingreso en las Academias militares, las facilidades para el pase a la reserva de los jefes y oficiales que están en activo, el empleo de los mismos oficiales en otros servicios del Estado, puede darnos paulatinamente la reducción en la oficialidad profesional que se acrecentará mucho más al ver la nueva vida que va emprender el Ejército, incomptabible con la manera de ser de aquellos que han ido al servicio de las armas sin entusiasmo, considerando la carrera militar como un medio de vivir como otro cualquiera.

            El excesivo número actual de jefes y oficiales trae emparejada una limitación grande en las carreras, muchos oficiales tendrán que ser retirados por edad en el empleo de comandante, y en estas condiciones no es de extrañar que decrezca el entusiasmo en los oficiales que fueron al servicio con honrada ambición.         Precisa que la oficialidad tenga buen porvenir, que todos puedan alcanzar por lo menos el empleo de coronel y si reducimos el número será fácil conseguir este ideal.

            La oficialidad profesional debe ser la encargada de instruir los contingentes anuales en tiempo de paz y constituir los cuadros superiores del mando en tiempo de guerra, dejando los empleos inferiores en su gran mayoria a la oficialidad de complemento, cuya formación es también privativa de la oficialidad profesional. Los oficiales de complemento serán escogidos de entre los reclutas llamados anualmente al servicio, escogiendo de entre todos ellos aquellos que por sus condiciones o por su carrera puedan alcanzar aquella categoria en la forma que diremos después.

             Anualmente si es posible, o por lo menos cada dos o tres años, se verificaran maniobras entre cada dos Regiones con objeto de que los Capitanes Generales y las Planas Mayores Regionales intervengan directamente en el mando de tropas. Si se considera conveniente podrán ser llamados a estas maniobras los contingentes de los dos años anteriores al que esté en filas, bien en su totalidad, bien parcialmente.

            Aún cuando el servicio quede reducido en la forma dicha a ocho meses, los Gobiernos, bien por si, bien consultando a la Cortes, podrán en circunstancias especiales llamar a las armas a los contingentes de los tres últimos años de servicio, durante cuyo tiempo, consitutiran como en la actualidad la primera situación del servicio activo, pasando después del tercer año a la segunda situación.

            Entre los reclutas llamados a filas serán elegidos por los capitanes de compañía, escuadras, baterías o unidades análogas, un cierto número de individuos que por sus condiciones o por su carrera sean susceptibles de formar la oficialidad de complemento. Estos mismos individuos seran objeto de una enseñanza especial, de manera que en los tres mses puedan ascender a cabos, a los seis a sargento y al ser licenciado su contingente obtener el empleo de suboficial. Éstos al iniciarse el período de conjunto del reemplazo siguiente, serán llamados a pràcticar su empleo y podran, al terminar los dos meses, ascender a alférez de complemento, empleo que practicarán análogamente en el siguiente año. De esta manera al terminar la primera situación de servicio activo serán ya alférez. Su ascenso hasta la categoria de capitán, límite en su carrera, será objeto de disposiciones especiales, basadas principalmente en la práctica de sus empleos y ligeros exàmenes teóricos.

            Si se tiene cuidado en la elección e instrucción de la oficialidad de complemento, es indudable que llegada una movilización podrá contar con un gran número de oficiales subalternos y aún de capitanes, con que dotar a las reservas, quedando resuelto de esta manera tan magro problema, sin necesidad de gravar el presupuesto de Guerra.

            Los actuales Regimientos deben quedar en cuadro, con el personal de jefes y oficiales necesarios para la administración ( que pueden ser de la reserva) y los necesarios para la instrucción de los contingentes anuales, Deben figurar además las clases de tropa ( sargentos y suboficiales) indispensables para los dos conceptos antes expresados, y un reducido número de individuos de tropa para el servicio interior y el cuidado del ganado. El personal de tropa procederá del voluntariado mediante el cumplimiento de ciertos requisitos que tendrán de ser objeto de una reglamentación especial. Deberá también estudiarse la conveniencia de dotar a los cuerpos de una manera permanente de aquellos individuos que llevan actualmente misiones especiales, como herradores, artificieros, etc.

            En cada región se adquirirà un campo de instrucción capaz para la de todos los reclutas en la misma y que permita los movimientos y despliegue de una División en pié de guerra, por lo que puede marcarse un límite a su extensión que oscile entre los 40 y 50 quilómetros cuadrados. Estos campos de instrucción deben estar dotados de todo el material de guerra moderno, y con gran abundancia de municiones. No hay que olvidar un momento que la reducción del tiempo de servicio solamente es posible con una gran intensificación de la instrucción y que ésta sea dada con todas la garantias de acicate.

            Anualmente al entrar la primavera serán llamados a filas todos los individuos que constituyen el contingente anual. El destino a cuerpo será de la misma Región a la que pertenezcan los reclutas, con el fin de evitar muchos gastos de transporte y facilitar al propio tiempo las movilizaciones.

            Incorporados los reclutas a sus cuerpos se procederá a vestirlos y equiparlos, a las vacunaciones reglamentarias y a la ceremonia de prestar el juramento a la Bandera, iniciando al propio tiempo a los reclutas en la instrucción elemental.

            Transcurrido un mes serán trasladados al campo regional de instrucción en donde recibiran la la especial en su arma o cuerpo durante cinco meses, transcurridos los cuales, se empezará la instrucción de conjunto con la combinación de todas las armas, cuerpos y servicios hasta llegar a la maniobras de división.

            Este procedimiento a parte de proporcionar una sólida instrucción a la tropa, constituirá una excelente escuela para la oficialidad de todas las categorías, incluso los Generales que hoy no tienen nunca ocasión de practicar el mando correspondiente a su empleo. Se emplearán dos meses en esta clase de instrucciones, pasados los cuales se procederá al licenciamiento del contingente anual.

            Llegado este momento, los jefes y oficiales dedicados a la instrucción disfrutarán de una licencia de tres meses con todo su haber, pasados los cuales se incorporarán a sus cuerpos para proceder a la preparación de los cuadros de subinstructores que han de instruir el próximo contingente.

            Con el sistema que tan a la ligera acabamos de exponer pueden llevarse a la práctica los dos principios fundamentales antes señalados, como base del futuro Ejército Peninsular, sin que se ofrezcan los inconvenientes determinados al referirnos a la situación actual, pues con la intensificación en la instrucción y el realizar esta en buenas condiciones nos permite asegurar que no decaerá la instrucción ni el entusiasmo de la oficialidad, antes al contrario, la práctica constante de su profesión acrecentará aquellas facultades que antes de veían desgastadas por la ociosidad y falta de elementos. La tropa asimismo verá en el Ejército una escuela constante de buenas costumbres, basada en el trabajo constante, que indudablemente ejercerá en su espíritu sana influencia.

            La economia que en el presupuesto de la Guerra es posible realizar, es muy manifiesta, pues los efectivos en los ocho meses de intrucción seran menores que actualmente en que tenemos en filas a la mayor parte de tres contingentes, y los cuatro meses restantes del año será muy escaso el personal que esté en filas.”

            La lectura i anàlisi d’aquest primer document ens permet corroborar quina era la situació interna de l’Exèrcit espanyol, amb tots els seus vicis i mancances. Les propostes semblen convincents, però el propi Sagués admet al final del seu text que estan realitzades a la lleugera. El fet que no s’incloguin els costos reals i l’estalvi previsible en milions de pessetes fa que tot quedi en l’àmbit teòric i de les bones intencions, però cal reconèixer que ens trobem davant d’una proposta no només de reestructuració militar sinó també d’una certa regeneració dels oficials professionals i de retruc dels soldats de lleva. El diputat Josep Zulueta després de rebre el document va enviar-li una carta[7] al Tinent Coronel Sagués el 28 de maig de 1922 en que li dèia: “Muy querido amigo. Me ha interesado mucho, como ya suponia, la lectura de sus notas acerca de las reformas que se pueden introducir en la organización el Ejército, pero no pude entregarlas a don Melquíades porque no habia regresado de Lorca. Debe de llegar esta mañana y espero que por la tarde comunicarlas a Pedregal[8] para que juntos hablemos con el Jefe[9]. Adelanto a VD, mi felicitación más cordial y las gracias por el obsequio que hace al partido. Mis afectos a la familia y Vd. mande a su afm. P.D. Confio en asistir al Congreso Agrícola[10] el dia de la inauguración.”

            El segon document elaborat amb la participació del Tinent Coronel Sagués que portava per títol Bases para Organización del Ejército era una proposta corporativa de reforma en tota regla de l’Exèrcit espanyol. Sembla talment una consequència del primer. És important en aquest cas situar correctament els esdeveniments, ja que la cronologia ens pot ajudar a entendre l’oportunitat del document. Quan es van redactar aquestes bases d’organització feia més de dos mesos i escaig que Melquíades Álvarez es trobava al capdavant de la Cambra legislativa. El text en qüestió que s’ha pogut consultar està escrit a màquina sobre onze folis en blanc i per tant no hi ha cap indici que permeti deduir que es va enviar des d’una instància militar o governativa (com la Junta de Defensa Nacional, l’Estat Major, una Capitanía General, un Govern Militar o el ministeri corresponent), però atès l’abast del seu contingut tot fa suposar que en aquelles circumstàncies era inimaginable que s’hagués pogut redactar al marge de l’estament militar. No porta data ni signatura.

            El que sembla indubtable és que la finalitat última de les Bases era l’estudi per a la tramitació parlamentària d’una nova llei o d’un nou reglament militar a càrrec dels liberals i dels republicans per tal de reformar i modernitzar l’Exèrcit espanyol. Si a més amagava les ambicions personals dels autors de les Bases per a promocionar-se personalment dins l’escalafó militar, a la cambra o al govern, haurien estat perfectament legítimes i oportunes. L’estil no té res a veure amb el del text anterior, és molt més precís i dóna tota la impressió de ser el resultat d’un estudi i debat previs.

            El texte íntegre diu així: 1ª. El Ejército español ha de ser organizado en forma que su presupuesto esté dentro de los límites de nuestra potencialidad económica, aún cuando dedicando todas las cantidades que aquella nos permita, hasta tanto se haya conseguido hacer del Ejército, un elemento útil. Hay que evitar a toda costa suceda lo que hoy sucede y es que no obstante las enormes cantidades que se dedican al Ejército, éste no responda, ni con mucho, a lo que la Nación tiene hoy derecho.

            2ª. Para conseguir que el Ejército sea eficiente, en su conjunto precisa lo sea en sus partes y por tanto hay que buscar que cada uno de sus elementos cumpla su fin, para lo cual es necesario que todos los organismos estén en pié reforzado ( mejor seria el de guerra) por lo que respecta al personal y ganado y con el completo de su material, por no ser éste fàcilmente impoivisable.

            3ª. El Ejército debe ser proporcional a la densidad de la población[11], que es la que lo nutre y debe procurarse aque aquél se componga del número de unidades que ésta permita, dentro de los límites primordiales de la base primera.           

            4ª . Lo primero que debe proceder a toda organización de nuestro Ejército es fijar nuestra política exterior[12] y aún cuando sea sin concretarla, por no depender exclusivamente de nosotros, por lo menos fijar los puntos principales de la órbita en que debe moverse España. Ello podria determinarse mediante una reforma de la Junta de Defensa Nacional. La composición actual de esta Junta está bien para estudiar y resolver muchos de los asuntos que son de su incumbencia, pero para fijar las grandes orientaciones de nuestra política exterior y la consiguiente organización de nuestro Ejército, precisa que aquel organismo sea debidamente aumentado con todos aquelos elementos representativos de la opinión pública. Si a los componentes actuales de la Junta se aumentan los presidentes de las Cámaras[13] y los Jefes de los partidos gubernamentales podríamos solucionar el problema por cuanto habríamos conseguido que todos los parttidos llamados a gobernar tuviesen el mismo programa en cuestión tan trascendental como la que nos ocupa y ésto podria ser una sólida garantía para el desarrollo del programa que se fijara por la Junta de Defensa Nacional incrementada como queda dicho, la cual podría ser convocada siempre que se tratara de hacer alguna variación esencial y siempre que circunstancias de excepcional importancia así lo aconsejaran.

            En principio, la organización que cabe a nuestro Ejército podria ser la siguiente: a) Dada la configuración de nuestro territorio con dos fronteras perfectamente definidas, parece lógico crear un Ejército para cada una de elllas y como la frontera Norte es la que corresponde al país de mayor fuerza militar, reforzar el correspondiente a dicha frontera. Así pues podríamos asignar tres cuerpos de Ejército al de la frontera occidental[14] y cuatro cuerpos al de la septentrional[15]. Claro que en el caso de surgir alguna complicación de política exterior que nos obligara a decretar la movilización sobre una de las fronteras, la fuerzas que orgánicamente pertenecían a la otra, pasarian a reforzar la amenazada, dejando en la suya propia, aquellas fuerzas de observación que la prudencia y las circunstancias demandasen.

  1. b) Cada Cuerpo tendrá un número de Divisiones que variará según las circunstancias especiales de la Región que guarnecen, oscilando entre dos y cuatro divisiones, dando un total de 18 divisiones que a 17.500 hombres cada una suman 315.000 hombres.
  2. c) Cada uno de los Ejércitos debe contar con una división de caballeria.
  3. d) Precísase crear fuerzas propias del cuerpo de Ejército, con las correspondientes a las líneas de comunicaciones y etapas, por lo que podemos fijar la cifra de 500.000 hombres como la del Ejército de primera línea. Debe pensarse después en la creación del Ejército o Ejércitos de Reserva y la tendencia que se ha de perseguir es la de obtener para éstos un efectivo en hombres igual a la del Ejército de primera línea, con lo que los contingentes sobre las armas llegarian a la cifra de un millón que por ahora creemos prudente no rebasar. El ganado y material de estas unidades no es posible tenerlos en tiempo de paz, será preciso tener un estudio completo y ver cuales son los elementos que puedan improvisarse por medio de requisas u otros medios y cuales son los que no son susceptibles de improvisar, y que por lo tanto exigirá tenerlos ya preparados en tiempo de paz

            Uno de los problemas a resolver es el concerniente a nuestro ganado y material, pues hay que procurar no ser tributarios del extranjero. Una bien entendida movilización de las industrias civiles y el estudio detenido de nuestra cria caballar y mular, podrán aconsejarnos en tal problema.

            Otro problema esencial es el de la oficialidad. Es necesario tener preparados los cuadros de mando por lo menos para todas las unidades organizadas y previstas en tiempo de paz para la guerra. Francia y Alemania sobre toto, en la última contienda, debieron gran parte de su fuerza a sus cuadros de mando que permitió a la última proporcionarlos a sus Ejércitos aliados[16]. Ahora bien si pretendemos cubrir todos los destinos con oficiales efectivos y profesionales, importará al Estado una cantidad que seguramente rebasaria los límites de la base primera, aparte de que serian muchísimos los que no podrían aspirar a escalar los altos puestos de la milicia en detrimento de la honrada ambición que preconizan las ordenanzas.

            Es preciso pueds acudir a otro sistema y éste es el de la oficialidad de complemento, para cuya formación deben realizarse los mayores esfuerzos. El tener un número grande de oficiales, bien instruidos en el mando de tropas y dotados de muy buen espíritu militar, sin que su sostenimiento sea gravoso para el Estado, es la única solución del problema.

            La oficialidad profesional debe ser sumamente reducida y muy bien retribuida, pues dado su nuevo carácter de instructores de los contingentes su misión es muy penosa y requiere un constante estudio para poder mantenerse a la altura de las circunstancias. En la base 17 volveremos a tratar de esta importantísima cuestión.

            Las promociones que salgan de les Academias deben ser bastante reducidas como antes hemos indicado y constituiran el total de los cuadros de mando del Ejército activo en tiempo de paz y los cuadros de mando superior de todo el Ejército, dejando los cargos de oficiales del Ejército movilizado para los de complememnto.

            Hasta el empleo de Coronel no hay duda alguna deben ser obtenidos todos los empleos dentro de cada arma o cuerpo por antiguedad y por rigurosa selección. El ascenso por méritos de guerra tan solo de dar+a en casos muy excepcionales y en virtud de servicios muy escrupulosamente aquilatados.

            Los Generales de brigada deben ser proporcionales entre las diferentes armas y cuerpos combatientes. Los que no reunan esta condición deben formar escala aparte, dentro de su cuerpo.

            Los Genrerales de división deben ser dos terceras partes proporcionales a los Generales de brigada de cada arma o cuerpo combatiente y la otra tercera parte de libre elección de acuerdo con el Consejo de Ministros a propuesta del de la Guerra,.

            Dada la existencia de cuerpos de Ejército y de Ejércitos (base 5) parece natural modificar el actual empleo de Teniente General y desdoblar en otros dos, a saber: General de Cuerpo de Ejército y General de Grupo de cuerpos de Ejército, como se ha venido practicando por todas las Naciones durante la última gran guerra.

            Aceptada esta nueva calificación, diremos que el 50% de los Generales de cuerpo, deben ser proporcionales a las diferentes armas y cuerpos combatientes y el otro 50% de libre elección como antes se ha dicho para los de División. Los Generales de grupo de cuerpo de Ejército que por el momento no serian mas que dos (uno para cada Ejército) serian de libre elección del Gobierno. Finalmente el cargo de Generalísmo del Ejército debe reservarse a aquellos Generales que hayan prestado a su país unos grandes servicios y el nombramiento ha de ser objeto de una Ley votada en Cortes a propuesta del Gobierno.

            El servicio militar debe ser considerado como una obligación ineludible para todo ciudadano español. El servicio militar debe ser igual para todos los ciudadanos, desapareciendo las cuotas, pues si el servir a la Patria es un sagrado deber, no cabe hacer distingos entre los llamados a cumplirlo. La ley debe comprender a todos sin castas y sin excepciones. Tan sólo quedarán exentos del mismoi los inútiles por invalidez y los que padezcan enfermedades contagiosas, por el peligro que pueda reportar su contacto con los demás. Precísase pues, revisar el actual cuadro de inutilidades.

            Los individuos que no puedan resistir las penalidades del servicio activo y al propio tiempo no reunan las condiciones antes señaladas para eximirse del mismo, podrian dedicarse a otros servicios mecánicos, burocráticos, aistentes, en las líneas de etapa, etc, en una palabra, podrían estos individuos aliviar a los cuerpos activos, de la pesadilla de los destinos, con lo que se evitarian algunas arbitrariedades que hoy se cometen y se conseguiria que los cuerpos y unidades estuviesen siempre al completo de sus efectivos.

            Los individuos exceptuados del servicio activo por razones de familia, deberan prestar el servicio como todos los demás, ahora bien, a sus familias se les puede pasar una pensión o subsidio a sufragar, por partes iguales, entre el Estado y el Municipio.

            La esencia del servicio militar ha de ser convertir el recluta en soldado y una vez conseguido esto, proceder a su licenciamiento. De aquí se deduce que si se intensifica la instrucción, podrá reducirse el servicio, tanto mas cuanto mas se intensifique aquella. Por ahora podemos afirmar la reducción a un año y medio o dos años como plazo máximo de permanencia en filas[17], sin perjuicio de conceder licencias temporales en las épocas más convenientes para reducir aún más el gasto de los haberes, hasta tanto la instalación de verdaderos campos de instrucción y entrenamiento sea ya completa y permita llegar a la reducción del servicio a un año ininterrumpido.

            Nunca insistiremos bastante en precisar la conveniencia, mejor dicho, la necesidad de establecer los grandes campos de instrucción y entrenamiento. Basta considerar que en la pasada guerra mundial bastaba a los ciudadanos de Inglaterra y de los Estados Unidos una permanencia de 6 meses en los campos de instrucción

para poder tomar parte en los hechos del frente occidental. Bien es verdad que en aquellos países la juventud tiene una educación física muy distinta a la de la juventud española, que las circunstancias del momento exigieron abreviar mucho la instrucción, que los elementos puestos a disposición de los instructores fueron tantos y de tal naturaleza que hicieron posible una cosa que los profesionales antiguos habrian considerado como imposible, pero de todos modos di España quiere entrar de veras en el camino de la regeneración del Ejército y dedica sus esfuerzos en conseguirlo, no es aventurado afirmar que en plazo no muy lejano podrá el servicio reducirse a un año, sin perjuicio de la eficiencia del Ejército, antes al contrario,aumentando ésta a un límite no sospechado por los que dedican su vida a regentar plácidamente sin procuparse más que de firmar la nómina.

            Los campos de instrucción han de ser uno por Región, contar con una extensión superficial de unos 50 quilómetros [cuadrados] y estar dotados de cuantos elementos requiere la guerra moderna.

            La maniobra táctica y el tiro de aplicación y la combinación de tosas las armas, cuerpos y servicios, constituyen la esencia de la instrucción de las tropas. Los cursos de estudios militares para oficiales y los cuerpos superiores para Generals y Jefes y la aplicación de los conocimientos adquiridos en los campos de instrucción, constituyen la base de la instrucción de la oficialidad.

            El reclutamiento debe ser Regional, a fin de facilitar la incorporación a sus cuerpos de los reclutas sin grandes dispendios en los transportes y al propio tiempo para acelerar y facilitar la movilización. Las actuales Comisiones Mixtas de Reclutamiento deben modificarse eliminando de ellas todo cuanto pueda tener de relación con la política local y provincial. Asimismo deben modificarse las Cajas de reclutas y Batallones de reserva, reduciendo al límite su personal, pues en la actualidad constituyen estas dependencias una de las mayores rémoras de nuestro Ejército, pues tienen la virtud[18] de enmohecer muchas actividades e inteligencias, acostumbrando a muchos Jefes y Oficiales a solicitar estos destinos sedentarios con la única mira de darse buena vida. Si se hiciera una escrupulosa revista de inspección simultánea y de improviso en esas dependencias se veria con asombro que están ausentes de sus destinos el 80% de los jefes y oficiales, los cuales viven en poblaciones muy alejadas a veces de su destino, al que sólo van a primeros de mes. Eso constituye un abuso intolerable y demuestra que la reducción del personal puede ser muy grande en beneficio del tesoro y del mismo Ejército.

            Llegada la época marcada para la concentración de los reclutas, éstos se incorporaran directamente a sus cuerpos, a los que previamente habrán sido destinados, conforme se hace hoy dia con el cupo de instrucción.A su llegada al cuerpo de destino serán vestidos, equipados y vacunados y se les enseñará los primeros ejercicios de instrucción preparatoria, jurarán la bandera y al mes de su incorporación serán conducidos al campo de instrucción, en donde se dedicarán durante cinco o seis meses a la instrucción propia de su arma o cuerpo y una vez terminada ésta a la de conjunto y combinada con fuego real.    

            Conociendo los efectivos en pie de guerra o reforzados de las diferentes unidades y el número de reclutas llamados a concentración clasificados según sus aptitudes entre las distintas armas y cuerpos es cosa ya fácil saber qué número de unidades se podrán formar. El ideal seria que cada Región militar pudiese constituir una división en pié de guerra, con todos sus elementos, pues de este modo las prácticas de campamento podrian terminar en las maniobras de división si es que no se queria llegar a las de Cuerpo de Ejército, mediante el concurso por breves dias de 2 o más divisiones, con el fin de que el Alto Mando pudiera también dar pruebas de su aptitud.

            De todos modos lo que hay que evitar a toda costa es que existan Regimiento ficticios como actualmente, en que la mayoria de los de la Península no puede pasar la instrucción de compañía y ésta aún sin los efectivos de guerra, ello trae aparejado el que los jefes no hagan nada y se embote su inteligencia y se enmohezcan todas sus facultades. Dado por sentado que en cada Región se procurará que haya anualmente una división en pié de guerra con los reclutas de aquel año, los cupos y unidades pertenecientes a las otras divisiones quedarán en cuadro. Los jefes y oficiales de éstas últimas, mientras la división activa se dedica a la instrucción peculiar de cada arma o cuerpo, pasarán a los cursos de estudios militares.

            Éstos podran tener lugar en las capitalidades de las Regiones, o mejor aún, creando escuelas especiales de cada arma o cuerpo con campos de instrucción adjuntos y con un profesorado seleccionado. Será objeto de estos cursos el estudio de las materias que los jefes y oficiales van a desarrollar en el siguiente año con sus cuerpos formando parte de la división avtica ( lo que previamente habrá determinado el Estado Mayor Central). También será objeto de estos cursos el estudio crítico de los ejercicios últimamente efectuados por el personal concurrente.

            El jefe o oficial que fuese descalificado en uno de esos cursos, quedarà postergado en su carrera y si en el curso siguiente no mejora su conceptuación será dado de baja del Ejército. Los cursos terminarán con la antelación suficiente para que los jefes y oficiales que hayan concurrido puedan asistir a las prácticas de conjunto de la división correspondiente a la Región a que pertenezcan, en concepto de agregados, no pudiendo ser utilizados más que en caso de verdadera necesidad, pues en principio la División actuante tendrá que valerse de sus propios recursos para llevar a cabo la misión que se le ha encomendado.

            Los Jefes y oficiales que estén destinados en centros y dependencias que no tenga tropas y no puedan por tanto actuar en las maniobras de División, serán distribuidos proporcionalmente entre todas ellas de manera que cada tres años asistan a un ciclo completo de instrucción práctica y curso de estudios militares.

            Para los Generales se crearà también una escuela de estudios superiores en donde puedan perfeccionar sus conocimientos. La descalificación de un curso llevará aparajeda la postergación que sólo podrá ser levantada, si el interesado obtiene mayor calificación en otro curso, pero si subsiste la clasificación pasará desde luego a la reserva.

            Complemento indispensable de todo cuanto queda expuesto es la creación de un verdadero Estado Mayor Central a cuyo frente estará el futuro Generalísmo de los Ejércitos. En caso de discordia entre el Gobierno y el Generalísmo del Ejército, la Junta de Defensa Nacional, en sesión plenaria, resolverá el litigio. Será misión del Estado Mayor Central, estudiar y resolver todo cuanto pueda tener relación con la guerra o si no puede resolver por si, proponer a la indicada Junta de Defensa Nacional. La dirección y encauzamiento de la instrucción de las tropas, será también privativo del Estado Mayor Central.

            El Jefe de este Centro será el Inspector General del Ejército con amplias facultades y presidirá las Juntas para la declaración de aptitud para el ascenso de los Generales y Coroneles, siendo su fallo inapelable. Será objeto de estudio del Estado Mayor Central determinar con toda urgencia la cantidad y la calidad de las fuerzas del cuerpo de Ejército y de Ejército, a cuyo fin podrá orientarse en los paises que han tomado parte en la Guerra Europea. También dependerán del Estado Mayor Central la inspeción de ferrocarriles y Etapas y la Movilización de Industrias civiles, entidades ambas llamadas a tener desarrollo, por su vital importancia en el futuro Ejército”.

            Més enllà de las trascendència d’aquestes Bases i de la seva aplicació en el futur, allò que interessa descatar en aquest relat és el fet que un sadurninenc d’adopció va participar en la seva redacció per la seva condició de Tinent Coronel d’Estat Major. Moltes de les mesures propossades representàven sens dubte un avenç de la institució militar i la seva modernització, però sense qüestionar en cap cas el paper preeminent i hegemònic de l’exèrcit, alguns generals del qual es consideraven els salvadors de la pàtria. Així ho demostrarien malauradament amb el cop d’Estat del general Primo de Rovira de l’any següent i el del general Franco catorze anys després. Joan Sagués no va poder veure realitzades les seves propostes reformistes ja que el 22 d’agost de 1923 va morir a consequència d’un accident que va patir mentre viatjava en el sidecar d’una moto.

[1] Han estat cedits per Mercè Domènech i Montagut.

[2] El 22 de juliol de 1921 havia esdevingut l’anomenat Desastre d’Annual, la derrota militar espanyola ocasionada per les tropes rebels d’Abd el-Krim prop de la localitat marroquina d’Annual. Aquest desenllaç advers va obligar a una redefinició de la política colonial d’Espanya a la Guerra del Rif.

[3] En aquest punt del text apareix la xifra 26.982 entre línia i línia. No s’entén el significat.

[4] La Societat de Nacions (o Lliga de Nacions) era un organisme internacional creat pel Tractat de Versalles (París, França), el 28 de juny de 1919, que pretenia establir les bases per a la pau i la reorganització de les relacions internacionals després de la Primera Guerra Mundial.

[5] Es referia a la Primera Guerra Mundial ( 1914 – 1918)

[6] Després del Desastre d’Annual les tropes colonials espanyoles al Marroc es van retirar a posicions fortificades mentre Abd el-Krim declarava la República del Rif.

[7] Carta facilitada per Mercè Domènech i Montagut.

[8] Podria tractar-se del secretari personal del president del Congrés dels Diputats.

[9] Forma col.loquial de referir-se a Melquíades Álvarez.

[10] El XXV Congrés Agrícola s’inaugurava a Sant Sadurní el 4 de juny de 1922, una setmana després.

[11] Es tracta d’una afirmació ampulosa ( un foc d’encenalls) mentre no es concreti exactament la proporció i la densitat.

[12] Semblaria que aquest atribut hauria de correspondre al Congrés dels Diputais i al Consell de Ministres de torn, abans que als militars. La proposta esdevé així una subordinació de l’estament polític a l’Exèrcit.

[13] El Congrés i el Senat.

[14] Portugal.

[15] França.

[16] A la Primera Guerra Mundial Alemanya es va aliar amb Àustria – Hongria i Itàlia formant l’anomenada Triple Aliança.

[17] Aquests terminis són superiors als que Joan Sagué propossava en el seu document anterior.

[18] Aquesta paraula apareix subratllada en el document original ( també la podrien haver situat entre cometes) per indicar precísament tot el contrari. Fent-ho aixi volien manifestar que es tractava d’un defecte i no d’una virtut.

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4 pensaments sobre “Més sobre el Tinent Coronel Sagués (Vilafranca del Penedès, 1879 – Sant Sadurní d’Anoia, 1923)

  1. Un cop llegit tot aquest document, sembla clar que urgeix una reacció de l’equip de govern de la vila per canviar de forma immediata el nom d’aquest carrer, és del tot indiscutible que la figura d’aquest personatge i tot el que representa no és mereixedor de cap de les maneres de tenir un nom a un carrer de Sant Sadurní…ni a cap lloc del mon segons el meu parer. Estarem d’acord que avui en dia hi ha una llarga llista de noms de personatges històrics i de rellevància dins de l’historia d’aquesta vila més mereixedors de tenir un nom de carrer, tant pels seus valors ètics com per la seves obres deixades pel bé del poble.
    Espero i desitjo que hagi una reacció al respecte per part de la gent que pertoca

    Un veí de Sant Sadurní i del carrer Tinent Coronel Sagués

  2. No tinc constància escrita que ho fonamenti, potser caldria buscar-ho, si es cert, però algu em va explicar fa anys que el tinent coronel Sagués va mediar per alliberar els detinguts de St. Sadurní en la repressió posterior als fets de la Setmana Tràgica i aquest va ser en part el motiu de dedicar-li un carrer. També pot ser simplement un motiu purament d’influència familiar, doncs la major part dels terrenys de l’eixample de St. Sadurní on hi ha el carrer eren de la finca de Cal Mestres. En qualsevol cas no es pot relacionar aquest personatge històric amb el franquisme recent i entrar ara en revisions d’aquesta mena pot no ser el mes adient.

  3. Resposta a l’amic Lluís,

    selBenvolgut Lluís,

    La mateixa versió em va ser explicada per un familiar d’aquest personatge, però tot i haver consultat alguns arxius i molts documents de l’època no he trobat cap prova que ho acrediti. Al contrari, els 15 detinguts sadurninencs de la Setmana Tràgica van ser jutjats i condemnats sense contemplacions. Els seus noms éren Antoni Gana, els tres germans Climent, Dionís i Bonaventura Raventós i Ferré, Antoni Manobens, Joan Raventós, Francisco Raventós, Valentí Caba, Pau Llopart, Joan Codina, Enric Sardà, Josep Mateu, Jaume Mir, Josep Domingo i Pelegrí Roca.
    D’altra banda, el nom del carrer Tinent Coronel Sagués es devia determinar cinquanta anys després, quan es va urbanitzar l’anomenada Zona Nord i dubto que l’alcalde i els regidors franquistes de l’època haguéssin tingut cap consideració respecte a un militar que,, atenent la versió explicada per la família Mestres, s’hagués mostrat benvolent o considerat amb uns revolucionaris. Al contrari.
    En fi, mentre no trobem una prova fefaent jo em decanto per creure que la versió de la intermediació del Tinent Coronel Sagués en l’alliberament dels detinguts de la Setmana Tràgica no és versemblant.

    Aquest és un dels relats que s’inclourà en el meu proper llibre.

    Cordialment,

    Carles ,

  4. Més sobre el comentari anterior de l’amic Lluís, .sobre el tinent coronel Sagués.

    Benvolgut Lluís,

    En qüestió de poques hores em sembla haver aclarit el teu comentari sobre la intervenció del militar Joan Sagués i Aicart en l’afer dels detinguts sadurninecs de la Setmana Tràgica. En el meu arxiu personal disposo d’un pamflet editat a Sant Sadurní el 17 de juliol de 1910 en el qual els quinze detinguts van escriure en el paràgraf final: ” […] I per acabar, hem de repetir que nosaltres trobem molt noble, molt humamitaria i molt desinteressada la conducte de Josep Mestres respecte de tot lo que es refereix al nostre empressonament i per això […] li fem constar el nostre etern agraïment […].”

    L’agraïment per tant s’adreça concretament a Josep Mestres i Mas ,. el sogre del tinent coronel Sagués. A partir d’aquí es podria elucuburar com s’ho va fer Josep Mestres i si va recòrrer a o no les influències del seu gendre. Però el més versemblant, ara sí, és donar crèdit al testimioni dels empressonats.

    Aquest pamflet ja el vaig publicat el 1979 en el meu primer llibre El català al carrer. Per a l’extensió de l’ús públic de la llengua catalana..

    Cordialment,

    Carles Querol

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